El sistema RFID permite la identificación a distancia (se estima que tiene un alcance de hasta unos 10 metros) por radio frecuencia y puede llegar a ser de gran utilidad para muchas aplicaciones. Por ejemplo, la que ya en su dÃa aprobó la IATA (International Air Transport Association) para realizar el control de los equipajes.
Como siempre, este sistema también ofrece ventajas (funcionalidad) e inconvenientes (privacidad) y su uso deberÃa implantarse únicamente en aquellos en que las ventajas superen claramente a los inconvenientes.
Una aplicación para el RFID podrÃa ser en los supermercados. Si se etiquetan todos los productos con su correspondiente etiqueta con “chip identificador”, el paso por caja serÃa mucho más rápido puesto que serÃa cada uno de los productos el que se identificarÃa automáticamente. El cajero, una vez identificados todos los productos del carro, y sin necesidad de tenerlos que sacar, presentarÃa el listado de productos comprados y la cuenta final. Solo falta pagar. Un sistema rápido, cómodo y eficaz.

Etiqueta RFID identificativa de un producto
(Imagen extraÃda de la Wikipedia)
La mala noticia es que no sólo es el cajero quien puede leer los productos que llevamos en el carro. Cualquiera puede. Lo cual, llevado a un cierto nivel de paranoia, conlleva una invasión de la intimidad. Este es un ejemplo muy inocente, pero los hay que no lo son tanto. Por eso, los propios fabricantes de RFID desaconsejan al gobierno (del los EEUU) su uso en documentos identificativos.
Y la noticia bomba es, según informa Expansión, y a pesar de los pesares, la Caixa introducirá en España las tarjetas de crédito equipadas con chip RFID, legibles por tanto a distancia, sin necesidad de contacto fÃsico con el aparato lector. ¡Que peligro!
Visto en Kriptópolis




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